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Proyecto Huemul

8:36 p.m. Mala Prensa 0 Comentarios Categoría : , ,

Perón y Evita en la Isla Huemul
Nuestra historia está repleta de pasajes que no son muy conocidos, principalmente porque no se enseñan en la primaria o en la secundaria. Hoy me propongo, al igual que unas semanas atrás lo hizo Facu, revisar un episodio pasado, esta vez de la época del peronismo. Un período que siempre encontré fascinante.

Corría el año 1948 y las principales potencias mundiales se disputaban el conocimiento Nazi. La mayoría de sus científicos e ingenieros emigraron a las grandes potencias, pero Perón estaba interesado en traer agua para su molino. En principio logró tentar a Kurt Tank, un ingeniero aeronáutico que había dirigido el departamento de diseño de Focke-Wulf (fabricante de aviones militares alemana) entre 1931 y 1945. En nuestro país se desempeñó con éxito en la Fábrica Militar de Aviones de Argentina sita en Córdoba, donde junto con su equipo diseñó el avión a reacción Pulqui II, del cual solo se fabricaron cinco prototipos, y luego por problemas de financiación se cerró el proyecto.

Pero no es de él de quien me quiero ocupar hoy, sino de alguien que con la ayuda de Tank se acercó al Gobierno Argentino. Me refiero a Ronald Ritcher, un pseudocientífico austríaco que llegó a nuestro país con la promesa de lograr la fusión nuclear controlada, algo que hasta ese momento nadie había podido alcanzar y que suponía contar con una fuente de energía virtualmente inagotable. Obviamente Perón compró la idea casi al instante y es así como nace el Proyecto Huemul.

Se trata de un proyecto secreto financiado por el gobierno peronista que transcurrió entre 1948 y 1952. En un principio Ritcher se radicó en Córdoba al igual que Tank, pero posteriormente y dado su alto grado de paranoia tuvo que elegir un nuevo lugar, más apartado, para poder llevar a cabo sus experimentos. En ese contexto, y luego de haber considerado zonas de las provincias de San Juan, Catamarca y La Rioja, el austríaco se decantó por la Isla Huemul, ubicada en el Lago Nahuel Huapi, en Rio Negro.

Ritcher y Perón
En la soledad de la isla el ario se hizo construir una fortaleza, y no escatimó en gastos a la hora de equiparla, e incluso hizo traer científicos extranjeros para armar su equipo de trabajo. En ese momento se invirtieron alrededor de dos mil millones de pesos (salieron de los “Gastos Reservados”). Tanto gasto fue difícil de mantener en secreto, con lo cual en 1950 el General crea la Comisión Nacional de Energía Atómica a cargo del Coronel Enrique P. González (uno de los fundadores del GOU y participe del golpe de estado del ’43), con el objetivo de brindar apoyo al proyecto, y también como forma de controlarlo (cabe aclarar que estos dos no fueron los únicos propósitos de la CNEA).

Los primeros cortocircuitos llegaron en 1951, cuando comenzaron a realizarse inspecciones en la isla. La primera respuesta de Ritcher fue echar a los inspectores a punta de pistola. Luego de este singular episodio Perón recibió la tan esperada noticia, el bueno de Ronald había tenido éxito con sus experimentos. Esto generó un gran revuelo, y hasta se llegó a anunciar a través de una conferencia de prensa en marzo del ’51. Perón fue incluso más lejos al declarar que la energía sería distribuida en recipientes similares a botellas de leche. Ritcher en los meses siguientes recibió un doctorado honoris causa de la UBA y la medalla de la Lealtad Peronista, y brindó una nueva conferencia de prensa explicando los pormenores de su descubrimiento. 

La fortaleza hoy en día
La noticia tuvo gran impacto tanto nacional como internacionalmente. Que un país logre ese control sobre la energía atómica suponía tanto una gran ventaja, como una posible amenaza. Sin embargo muchos científicos internacionales se mostraron escépticos.

Una vez pasado el tiempo de los anuncios llegó el momento de la comprobación. En 1952 la CNEA organizó una visita a la isla Huemul para poder fiscalizar el trabajo del austriaco. En dicha comisión estaría, entre otros, el reconocido físico José Antonio Balseiro. Las conclusiones de esta investigación no pudieron ser más desalentadores: no había pruebas ni fundamentos que sustenten las afirmaciones del chanta de Ronald. El experimento realizado no era el adecuado para comprobar el logro de la fusión nuclear, e incluso algunos de los equipos que estaban en la fortaleza de la isla estaban desconectados y otros mal calibrados. 

Repercusiones en la prensa
Luego de estos descubrimientos la CNEA decidió dar por finalizado el proyecto, cerrando el sueño atómico del General, pero allanando el camino para las futuras investigaciones que realizaría con total seriedad la propia Comisión Nacional de Energía Atómica. Se calcula que se invirtieron en este engaño en total 300 millones de dólares.

Ya sea se trate de un científico loco o de un simple estafador, las ideas de Ritcher lograron calar hondo en Perón, quien le brindó su apoyo político y económico casi sin solicitar ningún tipo de prueba/credencial por parte del Nazi. Quizá influyó su admiración por los alemanes, o la necesidad imperiosa de demostrar importantes avances científicos, o quizá simplemente tuvo un improbable lapsus de ingenuidad, lo cierto es que por un momento Argentina pareció ser líder en energía atómica, pero el engaño duró lo que un suspiro. Mirando el episodio desde la perspectiva y comodidad que brinda el paso del tiempo me gustaría poder decir que hemos aprendido a ser más mesurados en lo que a anuncios inverosímiles y estrafalarios se refiere, pero ahí están las imágenes de cierto presidente ante unos atónitos niños salteños prometiendo viajes a la estratosfera que nos harían llegar en noventa minutos a Japón, o las más recientes (falsas) promesas de contar con un tren bala. Hay cosas que nunca cambian.

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